Quinto y sus momias: una lección de vida que desafía al tiempo

📅 03/08/2026

Quien cruza la puerta del Museo de las Momias de Quinto probablemente no imagina la intensidad de lo que va a sentir. El primer impacto no llega desde el espanto ni desde la fascinación mórbida, sino desde una certeza que golpea con suavidad: lo que se contempla tras el vidrio no son réplicas ni escenografías, sino seres humanos de verdad. Hay un menor envuelto en seda, una mujer de 67 años que todavía conserva una pieza dental, personas que transitaron por las calles de esta localidad zaragozana hace más de dos siglos. Su ropa, sus zapatos e incluso algunos fragmentos de su biografía han llegado hasta hoy gracias a un accidente beneficioso de la naturaleza.

El museo abrió sus puertas en 2018 en la antigua iglesia de la Asunción, un espacio conocido popularmente como El Piquete. Allí se encuentra una colección que no tiene comparación en el resto del país: quince cuerpos momificados sin intervención humana, todavía situados en el lugar exacto donde fueron enterrados durante los siglos XVIII y XIX. Ya son más de 25.000 las personas que se han acercado a contemplarlos.

¿Qué hace tan especial a estas momias?

España cuenta con otros museos que exhiben momias, pero el caso de Quinto resulta extraordinario porque la conservación no fue buscada. No se utilizaron productos químicos ni técnicas artificiales. El origen está en unas condiciones muy específicas de temperatura y sequedad que únicamente se registraron en uno de los sectores del templo, creando un microclima capaz de preservar los cuerpos durante generaciones.

“Lo que hace especial a este museo es cómo tratamos los restos humanos”, explica a EFE Beatriz Pallarés, guía del centro desde su inauguración. “Hablamos de ellas con mucho respeto y con mucho cariño. Para quienes trabajamos aquí desde el principio es como si fueran gente de nuestra casa”.

Pequeños detalles, grandes relatos

La visita se aleja del discurso fúnebre y se concentra en la existencia. Las explicaciones hablan de la forma de vestir, de la alimentación, de la posible descendencia o de la posición que cada uno de aquellos hombres y mujeres ocupaba en la escala social del momento. Cada cuerpo ofrece pistas que los investigadores leen con delicadeza.

Gracias a la documentación conservada, tres de estas personas han recuperado su nombre. El equipo del museo evita deliberadamente tratarlas como piezas de inventario. No quieren que nadie las recuerde con códigos como PQ-08 o PQ-12, porque eso significaría despojarlas de su condición humana. Para las demás se han elegido nombres cercanos, como Míriam, elegido en honor a la antropóloga que realizó la limpieza de uno de los cuerpos.

Un encuentro conmovedor con el pasado

Hay una momia que sobresale por encima del resto. Beatriz la define como “la reina de la exposición”, aunque no es la que mejor se ha conservado. Su relevancia procede de su historia, que permite al visitante imaginar su vida cotidiana y conectar emocionalmente con ella. Ese vínculo hace que el recorrido se convierta en algo mucho más profundo que una simple visita turística.

El público que llega hasta Quinto es muy variado: curiosos de la historia, médicos y otros profesionales sanitarios, familias, personas que están viviendo un duelo y viajeros que tropiezan con el museo casi por azar durante una ruta por Aragón. Precisamente eso le sucedió a la familia francesa de M. Gorse, quien comenta: “Sorprende el estado de conservación de las momias. Momias así no se ven fácilmente. Es toda una experiencia”.

Quien desee ampliar conocimientos sobre este periodo de la historia puede encontrar en la historia de España moderna un buen punto de partida. Igualmente, para entender el cambio de actitud hacia la muerte, resultan reveladores los libros sobre la muerte y el duelo disponibles en el mercado.

El museo como espacio de reflexión

Lejos del sensacionalismo, quienes trabajan en este proyecto insisten en que el propósito no es impresionar al público, sino ofrecer una mirada serena sobre algo que todos compartimos. “Culturalmente hemos deshumanizado la muerte”, reflexiona la guía. “Antes convivíamos mucho más con ella. Me gustaría que quien salga de aquí pierda un poco ese miedo y entienda que la muerte también forma parte de la vida”.

Esa filosofía ha ido más allá de las salas de exposición. Desde 2021, el Ayuntamiento de Quinto impulsa el certamen multidisciplinar Punto Final, una cita que concluye con una gala celebrada en el propio museo y que reúne a creadores de toda España para explorar la muerte desde el cuento, la fotografía y el cortometraje. Ahí reside quizá la auténtica rareza de este lugar: en devolver la palabra a quienes ya no están. Doscientos años después, aquellas existencias continúan esperando a alguien que las escuche.

Quinto y sus momias: una lección de vida que desafía al tiempo

Contenido original en https://www.elperiodicodearagon.com/comarcas/2026/08/02/momias-quinto-vidas-resisten-olvido-133043376.html

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