En las entrañas de la tierra: la incansable búsqueda de los expertos en momias
Un grupo selecto de científicos, pertenecientes al único centro de investigación del planeta especializado exclusivamente en momias, ha emprendido una serie de expediciones sin precedentes. Su misión: recorrer criptas subterráneas y cavernas profundas para localizar, documentar y analizar restos humanos conservados de forma natural o intencional. Estos investigadores no solo desentierran huesos y tejidos; extraen información genética, cultural y médica que puede reescribir capítulos enteros de la historia de la humanidad. Cada hallazgo es una pieza de un rompecabezas milenario que estos científicos ensamblan con rigor y pasión.
El único instituto del mundo dedicado a la momiología
Fundado hace más de una década, el Instituto Internacional de Estudios sobre Momias (IIEM) aglutina a arqueólogos, antropólogos, genetistas y radiólogos. Su sede central alberga laboratorios de última generación donde se aplican técnicas no invasivas a los especímenes recuperados. Lo que distingue a este centro es su enfoque holístico: no solo se interesan por las momias egipcias o incas, sino por cualquier resto momificado, ya sea de un páramo andino, una cueva del Himalaya o una cripta europea. La institución colabora con gobiernos y universidades de todo el mundo para obtener permisos de excavación y garantizar la preservación de los hallazgos.
Los científicos del IIEM consideran que las momias son cápsulas del tiempo biológicas. Gracias a ellas pueden estudiar la evolución de enfermedades como la tuberculosis, las dietas prehistóricas o incluso las rutas migratorias de poblaciones desaparecidas. Este instituto es el único que posee un archivo mundial de momias, con más de 500 muestras catalogadas, y publica regularmente artículos en revistas de alto impacto.
Expediciones a criptas y cavernas: los escenarios de la investigación
El trabajo de campo de estos investigadores los lleva a los lugares más remotos e inhóspitos. No se limitan a las pirámides o tumbas monumentales; su labor se desarrolla en escenarios mucho más oscuros y difíciles:
- Criptas de iglesias y monasterios – En Europa, centenares de criptas albergan cuerpos momificados de siglos pasados. Muchas permanecen selladas desde la Edad Media. Los científicos deben negociar con autoridades eclesiásticas y sortear estrechos pasadizos para acceder a estos depósitos óseos.
- Cavernas de alta montaña – En los Andes y el Himalaya, el frío extremo y la altitud han preservado cuerpos de sacrificios humanos y víctimas de avalanchas. Las expediciones requieren equipo de alpinismo, aclimatación y semanas de marcha.
- Cuevas desérticas – En el desierto de Atacama o en cañones de Norteamérica, la sequedad extrema produce momificación natural. Los investigadores peinan grietas y abrigos rocosos en busca de fardos funerarios y restos esqueléticos.
- Cámaras subterráneas olvidadas – En ciudades como Palermo o Guanajuato, catacumbas y osarios subterráneos contienen momias en posición vertical, colgadas de las paredes. El equipo debe lidiar con la humedad, derrumbes y la falta de oxígeno en algunos sectores.
Cada uno de estos entornos exige protocolos específicos de extracción, embalaje y transporte. Los científicos del IIEM trabajan a menudo con espeleólogos y equipos de rescate para garantizar su seguridad y la integridad de los restos.
Tecnología de vanguardia aplicada a restos milenarios
El estudio moderno de momias ha dejado atrás los métodos invasivos. En la actualidad, los investigadores emplean escáneres CT portátiles, espectrómetros de fluorescencia de rayos X y drones con sensores multiespectrales para analizar los cuerpos sin moverlos de su lugar de descanso. Las muestras de tejido se toman con microagujas guiadas por ecografía, y el ADN antiguo se extrae en laboratorios especializados con flujo laminar para evitar contaminación.
Para aquellos interesados en conocer más sobre estas herramientas, existen publicaciones científicas que detallan los equipos utilizados. Por ejemplo, una guía actualizada de arqueología forense explica el uso de tomografía computarizada y datación por radiocarbono en contextos momificados. Del mismo modo, los aficionados a la exploración pueden encontrar linternas LED de alta potencia ideales para iluminar cavidades oscuras durante las prospecciones.
Además, el instituto ha desarrollado un protocolo de «momio-genómica» que permite secuenciar genomas completos a partir de fragmentos de hueso o dientes. Esto ha revelado parentescos entre momias de diferentes continentes y ha ayudado a identificar patógenos antiguos que podrían haber causado pandemias históricas.
Casos emblemáticos que marcaron la disciplina
Entre los hitos del Instituto se encuentra el estudio de la momia de Ötzi, el hombre de los hielos hallado en los Alpes. Aunque no fue descubierta por el IIEM, sus investigadores participaron en el análisis de sus tatuajes y su última comida. Otro caso célebre es el de las momias de la cultura Chinchorro (Chile), consideradas las más antiguas del mundo (7000 años a.C.). El instituto documentó las técnicas de evisceración y modelado con arcilla que empleaban estos pueblos costeros. También han trabajado con las momias de la cueva de la Garrafa, en Brasil, que ofrecen pistas sobre rituales funerarios amazónicos.
En Asia, una expedición reciente a las cuevas de Taklamakán, en el desierto de Xinjiang, permitió recuperar cuerpos momificados de origen europeo, lo que sugiere rutas comerciales mucho más antiguas de lo que se pensaba entre Oriente y Occidente. El IIEM ha publicado estudios sobre la vestimenta de lana y queso hallado en estas tumbas, evidenciando una dieta láctea ya en la Edad de Bronce.
Para quien desee profundizar en estos casos, existe una excelente recopilación de historias de momias famosas que detalla las investigaciones más impactantes de las últimas décadas.
El valor científico y cultural de los cuerpos del pasado
Más allá de la fascinación popular, las momias son testimonios directos de cómo vivían y morían nuestros antepasados. Los análisis de isótopos estables en el cabello revelan las migraciones estacionales; los pólenes atrapados en el tracto digestivo indican la vegetación del momento; las enfermedades óseas muestran las deficiencias nutricionales y los traumatismos. Cada momia es una biografía completa de un ser humano que habitó un tiempo y un lugar concretos.
«Las momias no son simples cuerpos secos; son archivos biológicos que conservan la última comida, las bacterias que los infectaron y hasta el polen de las flores con las que fueron enterrados. Extraer esa información es como leer un libro escrito con tinta invisible», afirma la doctora Helena Kovacs, directora de investigaciones del IIEM.
El trabajo del instituto también tiene un profundo impacto en las comunidades locales. En muchos casos, las momias pertenecen a pueblos indígenas que reclaman su repatriación y un trato digno. Los científicos del IIEM colaboran con las autoridades tradicionales para realizar estudios que respeten las creencias y devuelvan los restos una vez finalizados los análisis. Este enfoque ético ha permitido abrir puertas que antes permanecían cerradas a la ciencia occidental.
Contenido original en https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tras-pista-mejores-investigadores-momias-mundo_26341
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